Reto 5 lineas: Abril: Timba

jueves, 20 de abril de 2017






Este mes lo he tenido claro. Fue leer las palabras que propuso Adella (Ganar, compromiso y camisa) y venirme a la mente (vaya usted a saber por qué) una timba. El escenario estaba claro. Cinco jugadores en una reunión clandestina. Cinco personas adictas a la descarga de adrenalina que imprime una buena partida de cartas en la que hay mucho en juego. Largas horas de encierro voluntario en un lugar fétido en busca de la gloria de los vencedores. Pero, las cosas no siempre dependen de la suerte. Hay veces en las que el azar no lleva la voz cantante. Mucho menos cuando uno de los personajes…


Y hasta aquí puedo contar. ¿Te animas a leerlo? ¿Y a participar en el reto? Los requisitos son muy sencillos:



  • · Escribir un microrelato en  cinco líneas con la letra Times New Roman  12.
  • · Utilizar las palabras propuestas (tienen que ser exactas aunque puedes utilizar el significado que más te convenga).



Sencillo, ¿verdad? Anímate. Te aseguro que lo pasarás bien.


Timba.


Bajo la diminuta bombilla, diez manos sudorosas competían por ganar mientras que sobre el tapete, una camisa de marca, algunos billetes, y un anillo de compromiso aguardaban un nuevo dueño. La partida definitiva estaba sentenciada. Lanzó una última mirada a los naipes marcados y se preguntó cuánto tardarían aún en jugarse los veintiún gramos de inmortalidad que él anhelaba.



Feliz día.

10 Inquietantes riesgos de una actividad temeraria: leer

martes, 18 de abril de 2017



Si. Soy escritora. Pero todavía no soy una autora publicada (tanto da si lo eres en autoedición como si llevas a las espaldas una editorial como bien dice Mallorquí en este artículo). Por eso, presentarme de esta forma en general me resulta un poco incómodo ya que la gente suele tomarse a la ligera esta afirmación.

Sin prueba física palpable, el respetable te mira como cuando de niños decimos que de mayores seremos de la NASA.

O sea: sin novela publicada, no te toman en serio.

Con mi faceta de lectora es más fácil sentirse cómoda. Pero que nadie crea que leer es algo fácil. Nein, nein. Es una actividad claramente peligrosa y delicada. Que también tiene su problemática, oiga:



1. Salir de tu cuarto después de un ratito matutino de lectura y darte cuenta de que ya ha anochecido.

2. Quedarte sin marcapáginas en el peor momento y buscar cualquier cosa a tu alrededor (y digo cualquiera: quitar un hilo a la camiseta, acercarme a un jardín para coger una brizna de hierba, pedirle a la señora que se sienta al lado en el autobús un trocito del folleto que está leyendo con la consiguiente miradita de miedo/odio/incredulidad...) para evitar doblar la esquina superior de la página de la novela.

3. Hacer un croquis de los nombres de los personajes para reconocerlos y evitar mezclarlos. (Ya. Ya sé que esto sería algo perdonable en una novela tipo La Colmena, pero reconozco que es abrir la primera página de un libro de autores suecos y ya puedo buscar papel y lápiz para no perderme. Para mi, inevitable.)

4. Leer un párrafo varias veces. Cerrar el libro. Volver a abrirlo y leer el párrafo de nuevo sin entender nada. Cerrar el libro y preguntarte si sabes leer o si lo has olvidado por completo.

5. Leer por equivocación un spoiler en la red de una novela que justo vas a comenzar.

6. No tener espacio físico en casa para más estanterías o libros.

7. Lidiar con la violencia mental descontrolada cuando alguien te molesta y debes hacer una interrupción estúpida que te distrae de la lectura en el momento álgido del capítulo.
8. No ser partidaria del "movimiento zombie" y aparecer día sí, día también como un personaje de The Walking Dead por leer "solo un capítulo más" cada noche.

9. Intentar mantener la compostura en público (sin éxito) mientras lees una escena especialmente emotiva para tí.

10. Consumirse de impaciencia esperando la siguiente entrega de una saga mientras imaginas al autor escribir al "estilo buitre" (con solo dos dedos planeando en círculos sobre el teclado).



Lo dicho. Leer es una actividad temeraria con una problemática...terrible ¿no crees? 😄 Y ahora, cuéntame, ¿en cuántos puntos te ves reflejada? ¿Se te ocurre alguno más?


Feliz día.

Solo cinco días

jueves, 13 de abril de 2017


Cinco días tampoco son para tanto. Lo justo para:

  • ·         Hacer una pequeña escapada.

  • ·         Compartir unas horas con la familia.

  • ·         Permitirse algún lujo gastronómico.

  • ·         Saborear un momento romántico.

  • ·         Encontrar un lugar silencioso donde disfrutar de algunas lecturas.

  • ·         Aprovechar un pequeño espacio de tiempo, descansar y retomar las fuerzas y el aliento necesario para enfrentar los meses previos al verano con ánimo y energía.



Playa, montaña, a cientos de kilómetros o en la misma ciudad, no importa. Lo importante es desconectar, disfrutar de la compañía, cambiar de aires y renovarse.

Yo intentaré, en la medida de lo posible, darle un buen empujón al proyecto que tengo entre manos y del que espero poder hablaros muy, muy pronto. Mientras tanto, a descansar en compañía de una buena lectura.


¡Que disfrutes de estos días!

Nos vemos a la vuelta.

No pierdas el tiempo: GTD aplicado. ¿Es este tu género literario?

martes, 11 de abril de 2017



El tiempo es un bien escaso en mi día a día, por eso lo valoro tanto. Si. Soy una adicta a la planificación, organización (algún día os mostraré mi BUJO) y toda esa morralla conocida como GTD (get things done). Y en la lectura, tres cuartos de lo mismo.

Enfrentarme a un género literario desconocido me da una pereza infinita. No porque salga de mi zona de confort, —cosa que agradezco cada equis lecturas— sino porque me da mucha rabia perder el tiempo.


Es decir, si se de antemano que el género no me va a gustar (la romántica por ejemplo se me atasca en mitad de la garganta como un bocadillo de polvorones), no dedico ni un par de segundos a leer los títulos. Paso directamente a otra cosa. Pero cuando voy sin guía en un tipo de lectura genérica (fantástica, ciencia ficción, histórica…) en la que he encontrado una novela que me ha interesado y he disfrutado, agradezco alguna señal que me insinúe en qué caminos voy a adentrarme.


Por eso, para evitar que pierdas tu tiempo, y para facilitarte la tarea de elección de próximas lecturas (algo que a mí me cuesta un mundo), te dejo una serie de pistas para ver si te reconoces en ellas.
 Si es así, ¡enhorabuena! Eres —aunque no lo supieras hasta el momento presente— una lectora o lector de novela negra.

Allá vamos.

  • La gente cree que tienes algún antepasado oriental.
Pero no, no es que tu bisabuela fuera nipona, sino que cuando algo te chirría o no te termina de convencer, se te pone carita de sospecha. Giras de lado la cabeza, frunces los labios y entrecierras los ojos hasta que la apertura de los párpados es poco más que una fina línea de lápiz. Ya está. Acabas de entrar en “modo Holmes”. Es inevitable.


  • En el trabajo, tu escritorio es el único que mantiene todo el material de oficina sin marcar y en tu edificio tus vecinos envidian la honestidad de tu hogar y el respeto que te tienen tus descendientes.
Ilusos. No saben que en tu casa nadie miente porque básicamente nadie se atreve — eres capaz de realizar unos interrogatorios que ríete tú de los del FBI — ya que estás secretamente capacitado para detectar una mentira a distancia. Y en la oficina todos recuerdan cuando desapareció tu grapadora e incriminaste a Martínez con dedo acusador. También recuerdan cómo éste, tembloroso, sacó tu querida grapadora de su cajón.

  • Tus nuevos amigos creen que no vas al cine porque eres claustrofóbico.
Craso error. Lo cierto es que nadie quiere ir contigo porque eres capaz de descubrir (de manera natural) al asesino en los diez primeros minutos de la película. Te resulta tan evidente que no puedes evitar comentarlo y claro, cuando tu hipótesis se cumple según lo esperado, tú no entiendes ese halo de hostilidad que recubre el resto de la velada.


  • Todos quieren ser tu pareja de mus.
Elemental, querido Watson. Aunque tú no le das importancia, tienes una capacidad extraordinaria para interpretar el lenguaje no verbal. Todavía no ha nacido contrincante que consiga colarte un farol.



  • ¿Y qué me dices de tu extraordinario don para imaginar posibles escenarios de crímenes o delitos en cualquier rincón de tu ciudad?
Un colchón olvidado en un contenedor y emborronado con una sustancia rojiza puede ser el testigo mudo de un crimen, un paraje solitario te sugiere el intercambio de sustancias ilegales, el sonido apresurado de unos tacones en una calle poco iluminada te pone en guardia…



Ahora cuéntame, por favor. ¿Te reconoces en alguna de estas hazañas? ¿Tienes otras (confesables) que te definan como potencial lector o lectora de novela negra?

Espero que estos indicios te hayan servido para conocer si el género negro es el tuyo, y para que puedas aprovechar mucho mejor el ritmo de las manecillas del reloj.😉😉


Feliz día.

Las niñas perdidas de Cristina Fallarás

jueves, 6 de abril de 2017



La segunda recomendación de #autorasnovelanegra es Las niñas perdidas de Cristina Fallarás. Un puñetazo certero justo en la boca del estómago.

Una novela brutal, dura, quizá hasta excesiva en algunos pasajes. No tanto por la violencia explícita (que en algún momento está presente) sino por la rabia que destila.

Es una de esas novelas que remueven, que pellizcan por dentro. De esas que son incómodas y que hacen reflexionar. De las que me gustan, en definitiva.

Victoria González, una periodista reconvertida en detective y embarazada de cinco meses, recibe un encargo anónimo junto con un suculento importe para investigar la desaparición de dos niñas. La investigación, sin embargo, no parte de cero sino que surge del hecho desencadenante de la aparición del cadáver cruelmente mutilado de una de las dos hermanas.

De la mano de la detective y de Jesús, su ayudante, recorrerás la Barcelona más sórdida en busca de la hermana perdida. Bucearás en el alcantarillado de las historias más repulsivas y conocerás a los personajes más descarnados y miserables. E irremediablemente, como en un espejo, te verás reflejado en la parte más “amable” (y reprobable) de nuestra sociedad. Esa que está aborregada por lo superficial y políticamente correcto.


Los malos presagios, la irresponsabilidad, la atmósfera asfixiante, la denuncia de la hipocresía social, la difícil renuncia a un pasado tóxico, la crueldad, y la violencia en todos sus registros son semillas que germinan con fuerza en esta novela perturbadora que exuda indignación y rabia en cada frase.

La lectura, sin embargo, es fácil. Su estilo, directo (no podía ser de otro modo) y en algunos casos incluso bastante literario. La prosa, certera. El lenguaje — acorde con las situaciones y el tono de la novela— es bastante crudo en ocasiones y los capítulos cortos, por lo que el ritmo crece y se ramifica hasta más o menos la mitad del libro. Entonces, cuando la trama ya está bien madura, cae del árbol y la inercia de la caída la vuelve imparable.

Las descripciones de los ambientes y lugares, son de lo mejorcito de la novela. Pero no esperes encontrar aquí giros inverosímiles ni elaboradas argucias argumentales. No son necesarios. La realidad ya es bastante despiadada y sorprendente por sí misma.


¿Algún pero? Quizá algunos personajes respondan a arquetipos creados, pero funcionan. Vaya si lo hacen.

Y cómo pone la primera mujer ganadora del Hammet en evidencia la capacidad infinita del ser humano para ser miserable. Un estudio delicioso y terrorífico al tiempo.

Preguntas, cientos de preguntas que surgen y golpean. ¿Por qué nos escandaliza hasta la médula el maltrato animal y somos capaces de movilizarnos por nuestras mascotas con más ceño que en casos de homicidios, pederastia, maltrato de género…? ¿Qué mecanismo institucional está fallando cuando se permite la entrega de niños a hogares de acogida con responsables que anteponen cualquier superficialidad al bienestar físico y psicológico de los pequeños? ¿Qué está pasando? ¿Por qué lo permitimos?


No te llames a engaño. Las niñas perdidas es una novela de lectura fácil, pero de difícil deglución. Se hace bolo y cae a plomo en el estómago. Es, sobre todo, una novela de perdedores. Esa es la clave. Por eso es tan verosímil. Tan reveladora e intensa. Por eso duele.

¿Conocías a la autora?¿Te gusta este tipo de novela negra? Dímelo en los comentarios, por favor.

Feliz día.

Top 7: Pon un lector en tu vida. ¡Todo son ventajas!

martes, 4 de abril de 2017





Esto de pasar un ratito con la familia, lejos de ser un momento tranquilo, se está convirtiendo en un deporte de riesgo. No necesito hacer puenting para que mi nivel de adrenalina suba a cotas inimaginables, no te digo más.


Mi tía Julia ha venido a pasar unos días a Mordor, con nosotros. Desde que se quedó viuda suele visitarnos cada cierto tiempo. Fiel a sus costumbres, ha llegado recién teñida y con su corte de pelo algo anticuado; ese que asocio a su imagen desde que yo llevaba trenzas. Ha traído sus gafas de montura de alambre, sus manos de dedos entrelazados, su sonrisa deslavada y ese misticismo que recubre cada uno de sus movimientos.


Y sin embargo, a pesar de que su imagen dista bastante de ser provocadora o incitar al deseo, parece ser que la tía Julia, con su olor a tiempos remotos, su timidez y su sonrisa melancólica ha conseguido —con el inevitable alborozo de mi madre—, despertar el interés de Natalio, el vecino solterón del segundo que anteayer la convidó a un café


—¡Un partidazo, Julia, un partidazo! — repetía mi madre sobre la mesa de la cocina desplegando sus célebres artes de Celestina (que adquirió más o menos cuando Jesús Puente presentaba Lo que necesitas es amor) —. ¿Verdad txiki? — continuó dirigiéndose a mí con su perorata mientras articulaba a espaldas de mi tía una sucesión de gestos que harían las delicias del más avezado de los jugadores de mus—. Anda, venga, díselo tú.

Y allí estaba yo. Como una equilibrista a punto de dar el salto decisivo en el trapecio. Sola ante el peligro. Sin red. Con dos pares de oídos pendientes de mis palabras. ¿Qué argumentos podía esgrimir para no faltar a la verdad y al mismo tiempo satisfacer los deseos de mi madre?


Recordé el piso de Natalio. Limpio, cuidado. Cada habitación amueblada con su correspondiente televisor  para batallar contra la soledad. Y las estanterías repletas de libros… ¡Los libros! ¡Mi salvación! Natalio lee. Y un lector es un partidazo. Eso sí que es verdad. Así que rauda y veloz me lancé a enumerar las razones por las que efectivamente, Natalio podía ser un buen compañero para mi tía Julia:



TOP 7: PON UN LECTOR EN TU VIDA.


· Los buenos lectores lidian mejor con el estrés y con la soledad. Para él/ella y para ti, en este mundo que tenemos, eso es crucial.


· Un lector siempre necesita su propio espacio y su tiempo para dedicarlo a leer. Como consecuencia, tú también posees un espacio y tiempo propio en el que tu pareja lectora no te molestará.


· En general, son capaces de empatizar mejor. Los lectores entran en miles de aventuras, de historias, y de personajes. Por eso son más capaces de ponerse en la piel del otro y de crear unos lazos emotivos más profundos.


· Suelen tener buena memoria. Además de recordar las historias leídas, el ejercicio de la lectura es una medicina excelente contra el olvido de fechas especiales, por ejemplo. Y si su súper - poder no es la memoria, es posible que lo compense con alguna otra facultad: por ejemplo la cuadernofilia (lo apuntará con una caligrafía exquisita en algún tipo de libreta preciosísima con un bolígrafo/pluma/roller maravilloso).


· Aunque no sea un lector compulsivo, probablemente tendrá conocimientos generales sobre temas muy variados en relación a sus lecturas. Por eso es un compañero perfecto para eventos sociales puesto que nunca le faltará conversación.


· Ese profundo conocimiento también jugará SIEMPRE a tu favor (recuerda que, además de las novelas, hay libros de múltiples disciplinas: música, fontanería, sexo…)


· Y por supuesto, cuando pienses en un detallito con un lector (cumpleaños, día señalado, agradecimiento…) siempre sabrás qué regalarle ¿verdad?



¡Todo son ventajas! ¿Y tú, ya has puesto un lector en tu vida?

Feliz día.

La caja de marfil de José Carlos Somoza

jueves, 30 de marzo de 2017




Esta ha sido mi primera aproximación a Somoza; un autor con importante bagaje literario, premiado por crítica y público y que ostenta un componente camaleónico— ha escrito novelas de género variado también algunos relatos, guiones de cine e incluso obras de teatro—. Un currículo envidiable, vamos. Por eso esperaba mucho de esta lectura.



Pero.



Aunque en líneas generales me ha gustado la lectura (agradezco de vez en cuando una novela negra que no esté protagonizada por el consabido guardián del orden), reconozco que en más de una ocasión me he sentido totalmente desorientada en mitad de este desigual universo somociano en el que las virtudes y flaquezas de la narración se van superponiendo durante todo el desarrollo de la historia.



Lo mejor de la lectura ha sido sin duda el estilo del autor —sorprendente en este género— que hace gala de una prosa muy cuidada que en algunos pasajes me ha recordado a Tomeo. Los recursos de los que hace uso son interesantes aunque insisto, extraños para un género en el que cualquier ornamentación queda fuera de lugar. Además, curiosamente, el estilo narrativo de Somoza es uno de los elementos que, en mi opinión, sostiene el interés cuando el argumento se relaja.



Me han gustado sus reiteraciones, ese no saber a qué se refiere con ese “así era Quirós” que repite cada cierto tiempo, si a un pasado perfecto o a una suposición del destino fatal del personaje, las muestras de meta - literatura que introduce con los relatos de Soledad y esa atmósfera en ocasiones irreal, casi onírica que conjuga bien con una obra en la que el recurso de la elipsis está presente —no tengo claro si intencionadamente o no— a lo largo de todo su desarrollo.


También he disfrutado de los recuerdos, las ensoñaciones y reflexiones del investigador/matón como recurso para conocer al personaje… Pero a pesar de estos elementos interesantes, La caja de marfil me parece ante todo una novela irregular.

Comienza con ritmo de locomotora: lento y cadencioso, pero termina de modo acelerado. Quizá incluso demasiado. Los personajes, a excepción de Quirós —un detective – matón entrado en años, lo que le provee de una inusual ternura —, fluctúan entre los clichés y la superficialidad en su retrato.

Tiene algunos giros argumentales interesantes aunque otros resultan poco convincentes y resaltan como recortes mal pegados en la historia. Y los temas, a pesar de ser atractivos y variados —corrupción, violencia gratuita, bandas juveniles, el sentido de pertenencia…— pedían un desarrollo algo más profundo, pero a excepción del mundo de las películas snuff, se quedan simplemente pincelados.


Tampoco el desenlace me ha convencido, pero en este caso creo que es un tema personal. Hay algunas reglas dentro del género negro que no me importa que se rompan. Incluso en algunos casos me divierte y da lugar a nuevas líneas en este estilo de narración. Pero hay otras que me parecen fundamentales, como la concerniente al antagonista.

Para mí es necesario haberlo conocido de algún modo, que haya estado presente en la narración, sobre todo en los whodonit. Me gusta que el autor me desconcierte, que me “engañe” para dar un golpe maestro cuando se descubra al asesino. Y en esta novela, eso queda algo deslavado. Conocemos al antagonista de manera singular, por sus pensamientos y acciones, pero su figura queda muy difusa entre el elenco de personajes con los que no mantiene ninguna relación.


Según he leído posteriormente por la red creo que esta no ha sido una buena elección para iniciarme con el autor, pero la etiqueta de “novela negra” me incitó a su lectura. Por eso el autor se queda aún en la estantería de pendientes. Quizá con otro estilo termine de convencerme.



Te gustará si:



* Buscas una lectura sin pretensiones.

* Lo tuyo son los recursos literarios.

* Eres fan de Somoza.


¿Conocías a Somoza? ¿Qué novela suya me recomiendas? Te espero en los comentarios.

Feliz día.